PERSEVERANCIA
Es más fácil declinar que continuar, y más cuando parece que no hay ningún avance o no tanto como quisiéramos tenerlo; los vaivenes, los altibajos, las veces que sentimos que estamos peor que al principio, muchas veces nos hacen retroceder o parar, pero se requiere valor para perseverar y no dejarnos vencer, porque solo así lograremos nuestro objetivo, sea cual sea y sin importar el tiempo, solo con la perseverancia se logra llegar, se logra alcanzar lo que anhelamos.
A veces obtenemos ejemplos donde menos imaginamos, por ejemplo, tengo una plantita que lleva algunos años, digamos que, luchando, van varias veces que parece que se va a secar y hasta parecía que ya se iba a morir; por las circunstancias que le ha tocado pasar y a pesar de las condiciones en las que ha estado y los cambios de lugar por los que la he hecho atravesar, pero, de repente me doy cuenta de que ha vuelto a florecer, aunque parece que tiene una ramita seca, también tiene algunas florecitas y hasta un botoncito más. En otra ocasión, me pidieron cortar un árbol, el tronco era muy difícil así que se quedó ahí, parecía que se moriría, que se secaría en cualquier momento, todas las ramas se las quité, solo quedo el troco con una que otra herida, pensamos que ya no florecería, para mí sorpresa, fue todo lo contrario, de repente comenzó a asomarse una que otra hoja, muy verde, hasta que le comenzaron a salir ramas nuevas, mucho mejores y más bonitas de las que tenía, se puso más frondoso, parecía que nada le había pasado, pero sí, sí le paso, sufrió una poda extrema, podría decirse que todo lo perdió, pero resurgió con más vigor, más hojas, más hijos, más verde, en fin, perseveró hasta ser mucho mejor de cómo era, antes de esa poda.
Dios me enseñó una gran lección a través de esa plantita y de aquel árbol, no importa cuántas veces parezca que vas a desfallecer o que incluso te sientas morir, o que pareciera que todo lo has perdido, no importa cuánto tiempo la tristeza y el dolor te agobie, o que parezca que las lágrimas no tienen fin, no importa de dónde o de quién venga la traición, las decepciones, los malos tratos, etc., no importa por lo que estés pasando ni la tormenta que estés atravesando, ni siquiera importa cuántas lágrimas derrames, hay que esforzarse, luchar, ser persistente y un día, simplemente, volverás a florecer mucho mejor y más fuerte. No nos demos por vencidos; continuemos, con la mirada puesta en Cristo; con la esperanza, de que todo será mejor después de terminar de atravesar la tormenta; que el sol brillará en cualquier momento, anunciando que la tormenta, ha terminado.
Así que, tranquilo, cuando estés a punto de desertar solo detente y respira; cuando estés a punto de claudicar, descansa y respira; cuando te sientas vencer, solo tomate un momento y respira; sin importar lo difícil que pudiera ser o parecer, no te des por vencido, persevera hasta que logres la meta alcanzar.
Respira, lo lograrás, si solo perseveras
hasta el final.

Comentarios
Publicar un comentario