LOCURA

 

A veces, cuando nos ven actuar y/o hablar, nos dicen que estamos locos, que somos anormales, pero, quién, a estas alturas de la vida, no lo está; a algunos los hace hacer cosas buenas, divertidas, interesantes, espontáneas; pero, tristemente, a otros, los lleva a hacer todo lo contrario, muchas veces perjudicándose o perjudicando a otros o ambas; el problema no radica en estar loco, ni tampoco en el nivel de locura que habite en nosotros, no, eso, hasta cierto punto, no tiene importancia, sino más bien en, cómo la empleamos, cómo dejamos que nos impulse o hacia dónde; es aquí donde preguntaría, cuya respuesta sería para uno mismo: qué uso le estas dando a tu locura; cómo estas empleando, la locura que, en ti hay.

Amo mi locura, amo que me digan que no soy normal, porque en estos tiempos serlo, significa que vas por buen camino, que no eres igual al resto; según algunos dicen que no eres normal por ir en contra de lo que está mal, por ir en contra de la corriente, pero, a donde me lleva esa corriente es a la perdición, por eso yo, prefiero ir en contra de ella, aunque digan que no soy normal, es verdad, no lo soy, porque no me harán seguirle la corriente a una persona confundida con quién realmente es; porque no me harán modificar el español, cambiando la correcta pronunciación de las palabras; porque aun defiendo el verdadero diseño de la familia que Dios creo; porque aún creo en el matrimonio y lo que eso significaría y conllevaría, para mí, como mujer, quizás no dejaría mi trabajo, pero estoy consciente de la responsabilidad que implica estar casada, tener una familia; porque aún valoro la amistad, a pesar de mis malas experiencias; y muchas otras cosas más en las que no estoy de acuerdo y no haré. Así que, si eso significa estar loco o ser anormal, sí, totalmente lo estoy y lo soy. Gracias a Dios por mi locura y anormalidad.

En nombre de la locura, hemos hecho y deshecho tantas cosas, de algunas nos arrepentimos hasta el alma; de algunas hemos pagado con creces tal proceder; de otras tantas aun nos reímos, sobre todo cuando no las hicimos solos; hay personas que están dispuestas a ser parte de tu locura y compartir la suya; hay otras con las que disfrutas hacerlo, porque te contagia de más locura y entonces la experiencia y el recuerdo se vuelve más gratificante; pero también hay aquellas personas que se avergüenzan y hasta se alejan por no tolerar, aceptar o por no ser capaces de disfrutar de tu locura incluso de la propia; así que, ¿tienes con quien compartir tu locura?, ¿las personas con las que compartes tu día a día están dispuestas a tener esos momentos locos espontáneos y a veces hasta planeados?, ojala que sí, esas son las personas con las que vale la pena estar en esta vida; hay que escoger bien con quién compartir la poca o mucha locura que tenemos dentro, a veces es tanta que se desborda sin darte cuenta. 

Intercambiemos locuras, de la buena, pero aprendamos bien con quién hacerlo, pues no todos merecen conocer esa parte de ti y mucho menos ser parte de ello.

Al final del día y al analizarlo mejor, te das cuenta que es, precisamente la locura, la que, en ocasiones, nos hace actuar, ¿cómo? Pues eso, eso lo decides tú...

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