AMISTAD
Aun creo en la amistad, me han fallado ¡uy! sí, demasiado; me han traicionado, sí también; personas en las que en verdad confiaba y por las que hice y deje de hacer; pero aun creo en ella, dicen que eres lo que das, por eso creo en la amistad, porque sé el tipo de amistad que ofrezco, no siempre es reciproco, no siempre es bien recibida, no siempre es valorada, pero es lo que sé dar, y es lo que doy, hasta que me demuestran lo tonta que fui por confiar tanto en alguien; ahora trato de ser más precavida, más cautelosa, no bajar la guardia tan pronto, no quitarme la armadura antes de tiempo, ahora les cuesta más a las personas llegar a tener, de mí, ese nivel de confianza que daba antes, porque algunas de las personas que llamaba amigos, son las que precisamente más daño me han ocasionado y las que me han hecho dudar hasta de mí misma; pero, bueno, también me he topado con amigos reales, de esos que están ahí siempre, sin importar el tiempo ni la distancia, tengo amigos de hace años, y no importa cuantas veces les hable sobre lo mismo, siempre están dispuestos a escuchar, sabiendo que eso me ayudará; no me dicen lo que quiero escuchar, me dicen lo que saben que debo escuchar y aunque duela se los agradezco; no siempre recibo una palmadita en la espalda por parte de ellos, en ocasiones recibo ese zape que necesito más; y seamos honestos, tampoco soy de las personas que les aplaude todo, les da por su lado o les dice lo que quieren escuchar; todo es mutuo, y es que la amistad no siempre es un aplauso, no siempre es una felicitación, pero eso sí, siempre debe ser honestidad/lealtad.
Me han preguntado: ¿crees en la amistad verdadera? sin dudarlo ni pensarlo, he dicho que sí, y lo hago porque es justo el tipo de amistad que doy, aunque no siempre sea la que recibo a cambio. La amistad va más allá de solo llamar a alguien “amigo” son acciones, son verdades, es honestidad, es reciprocidad, es afecto, es regaño, es inconformidad, es comunicación, es interés mutuo, pero no ese interés malo, es decir, lo que puedo obtener de esa persona; muchos están contigo solo por lo que les ofreces, por lo que les das, por lo que pueden sacar de ti, pero una vez que lo tienen te desechan, te hacen a un lado, a veces por poco tiempo o a veces definitivamente; esa persona ya no tiene nada que quiero, entonces, ya no es mi “amigo”. El interés que debe haber en una amistad es ese, en el que te preocupas y ocupas de esa persona, en el que si depende de ti haces todo para que esté bien, en ocasiones, cuando tienes la oportunidad, hasta recorrer kilómetros para cerciorarte de su bienestar, de abrazarlo, de acudir en su auxilio, de darle tu hombro para llorar, escuchar y de alguna forma, estar ahí para esa persona que llamas amigo. En la Biblia dice que un amigo es como un hermano en tiempo de angustia.
Para mí, la amistad es sumamente importante, así que, cuando digo que alguien es mi amigo, no es cualquier cosa, no es algo que digo a la ligera, ya que esa persona pasa a ser alguien muy importante y especial en mi vida; por eso no llamo amigo a cualquiera, y más ahora, pues solo lo hago, hasta que me demuestran que en verdad lo son, tal vez por eso mi lista no ha aumentado e incluso creo que ha disminuido; no quiero amigos por conveniencia o por interés, ese que solo está o se queda para ver qué puede obtener de mí; muchos insisten entrar a tu vida, pero solo por lo que pudieran obtener de ti, lo que pudieran sacar de esa amistad; así que si pretendes o en verdad te gustaría que seamos amigos, si tanto insistes en entrar a mi vida debes saber que: No quiero que entres a hacer destrozo alguno, no sabes cuánto me ha costado reparar mi interior y aún no está del todo listo, ha sido difícil tratar de volver a poner todo en su lugar, desde la última vez que deje entrar a alguien. Lo principal que pido, es honestidad en todo momento; no me mientas ni me ocultes nada, por mínimo que te pudiera parecer; si no puedes con ello, es el momento de alejarte y dejar de insistir. Cuando te arrepientas, sin importar el motivo o la razón, solo no desaparezcas, no te vayas sin decir adiós; me suelo encariñar mucho con las personas que me importan y su partida suele doler, suele calar como no tienes idea, así que, cuando te aburras de mí, dímelo, no salgas, por la puerta de atrás; no huyas, por favor, despídete antes de salir, recuerda que fuiste tú quien insistió en ser parte de mi vida; si después de saber esto aun insistes en entrar, dejaré que lo hagas, pero, deberás cumplir con los requisitos para poder permanecer en mi vida, de lo contrario seré yo, quien la puerta, por mucho que duela, deba cerrar, sin ti adentro.
Hay amistades que duran toda la vida, las mejores que pueden cruzarse en tu camino; otras que son temporales, solo por una etapa especifica o por un fin preciso; otras que, en realidad, tristemente, no lo son, pero algo te enseñan; otras que desearías que perdurarán, pero por uno u otro motivo, no se pueden quedar o no quieren hacerlo; hay diferentes tipos de amistades que se cruzan en nuestras vidas y todas traen algo de alegría y melancolía; risas y lágrimas; recuerdos que atesorar y otros que desearías olvidar; pero, lo importante es aprender a distinguir y saber con cuál te quedas y/o por cuál luchas; porque aunque haya lágrimas, no todas son de tristeza y no a todas las amistades debes descartar, dejar ir o incluso alejar, porque te puedes quedar con el remordimiento de haber corrido al mejor amigo con el que te pudiste topar y por no aprender a distinguir y no saber apreciarlo, lo puedes perder; debes esforzarte por mantener esas amistades que consideras que valen la pena tener a tu lado, hacer todo lo que está a tu alcance, todo lo que dependa de ti, para que esa amistad no sea temporal.
A lo largo de mi vida he tenido amigos realmente sorprendentes, de esos a los que les pides un remache y te llevan 50; de los que te protegen, hasta de sí mismos; y aunque ninguno se encuentra cerca físicamente, dejaron una huella muy importante en mí, recuerdos que atesoro, me enseñaron lo que es la verdadera amistad y aunque no con todos mantengo contacto hoy día, de alguna forma siguen ahí. Tristemente también, como dije al principio, me he cruzado con personas que creí mis amigos, pero a la mala, me demostraron lo equivocada que estaba; aun así, debo reconocer que fue lindo mientras lo creía o me lo hacían creer, y a pesar de todo deseaba que no terminara e hice todo lo que estuvo en mí para evitarlo, no lo logré; a veces no depende de nosotros, mantener viva una amistad; nos podemos esforzar al máximo, para evitar que se desvanezca; hacer absolutamente todo, para que no acabe; pero, tristemente, así como nos esforzamos para evitarlo, la otra parte se esfuerza para alejarnos; y mientras nosotros damos un paso hacia esa persona, esa persona da dos hacia atrás; y tanto más nos queremos acercar y mantener, tanto más esa persona se aleja, nos aleja; y bueno ¿Qué se hace en esos casos? Ya no hay nada por hacer, pues, por mucho que tú quieras tener a alguien en tu vida, no significa que ese alguien te quiera en la suya y es algo que debemos respetar sin importar cuánto nos duela y/o afecte su decisión, en ocasiones ya no están porque, simplemente, así tenía que ser, pero, al final, algo se aprende; después de un tiempo nos damos cuenta de que, haber dejado que se vaya, fue lo mejor; a veces lastima más aferrarse, que soltar; así que, por muy doloroso que en su momento sea, debemos aprender a soltar y dejar ir.
Aún tengo amistades que, aunque casi no hablamos, tengo la certeza de que, si por alguna razón les hablo, ellos responderán; y que, si me hablaran, también yo responderé; incluso les respondería y ayudaría a aquellas personas que sin importar la razón por la cual nos distanciamos de alguna forma o el tiempo que llevemos sin hablar, aun así, yo ahí estaré para ellos, por el simple hecho de lo que significó tanto la amistad como esa persona para mí, en su momento.
Seamos ese amigo, que nos gustaría tener;
ofrezcamos esa amistad, que nos gustaría encontrar…

Comentarios
Publicar un comentario