BUENOS PADRES
Sé que los buenos padres, siempre quieren lo mejor para sus hijos, y desean que les vaya bien, y en ese afán esperan que no den un paso en falso que, pudiera llevarlos a un barranco y que salgan lastimados; sé que quisieran evitar tantas cosas en la vida de sus hijos, pero es imposible que puedan lograrlo; no pueden, aunque quisieran, vivir la vida de sus hijos; tomar las decisiones, que a ellos les corresponde; evitarles el dolor y sufrimiento, que tendrán que atravesar y superar; así que lo único que les queda es instruirlos, de la mejor manera posible; enseñarles y darles las armas, para enfrentar la vida con responsabilidad.
No tengo hijos, pero no los necesito para saber cuán difícil es ser padres, ya que, considero que los buenos padres deben aprender muchísimas cosas sobre la marcha; entre ellas deben aprender a escuchar a sus hijos e incluso interpretarlos; deben aprender a equilibrar su tiempo, para dedicarles un espacio a sus hijos y no solo al trabajo, ellos también necesitan tiempo de y con sus padres; deben aprender cuándo y de qué forma disciplinar, es decir, cuándo deberían usar las palabras y cuándo la vara o qué castigo interponer o por cuánto tiempo, etc.; incluso deben tener la humildad de reconocer, admitir que hay cosas que hacen y/o dicen, que aunque ellos piensen que no tiene nada de malo, es hiriente para los demás, en este caso para sus hijos, o tal vez, son demasiado orgullos para aceptar la culpa y/o disculparse con ellos, cuando se equivocan y aunque quizás lo consideren debilidad, también deben aprender a pedir disculpas a sus hijos, sí, padres, también habrá ocasiones en las que sean ustedes quienes deban disculparse con sus hijos, créanme que al hacerlo, ellos no van a ver a sus padres débiles ante esta acción, más bien nos estarían enseñando humildad y valor, ya que con ello nos enseñan con ejemplos y será más fácil como hijos aprender humildad para reconocer nuestros propios errores y valor para asumirlos y corregirlos e incluso pedir perdón cuando la ocasión lo amerite; es muy fácil decirle a tu hijo pide perdón, o esperar que ellos sean los que se disculpen, aunque no sean los culpables, o que, incluso, tú, como padre, lo hayas provocado u orillado a cierta situación; pero es más difícil mostrarles cómo se hace y, es precisamente, con el ejemplo, con lo que se aprende mejor; deben aprender a dialogar con sus hijos, escucharlos sobre todo cuando intentan explicarles cómo se sienten o cómo, ustedes sus padres, los hicieron sentir con sus acciones y palabras, no deben hacerlos sentir que no es importante ni sus palabras ni sus sentimientos; no deberían pretender o hacerles creer que, por ser los padres, siempre tienen la razón, porque el hecho de ser padres no significa que siempre estén en lo correcto; deben aprender a no exasperar a sus hijos y cuando estos, pretendan explicar su sentir, en lugar de escucharlos se ofendan y hagan sentir mal a sus hijos por situaciones que ustedes mismos, como sus padres, ocasionaron o mal interpretaron.
Ser padres no es fácil, ser buenos padres es aún más difícil, pero el equivocarse no significa que no sean buenos padres y admitir su error, menos, al contrario, eso corrobora lo buen padre que intentan ser, pues lo malo reside en no admitir su equivocación; enseñar con el ejemplo es la mejor forma de enseñar, hazle saber a tus hijos que no está mal equivocarse, lo malo es no admitirlo y/o corregirlo o incluso culpar a otros por nuestro proceder, pues no nacemos sabiendo ser padres pero tampoco sabiendo ser hijos; todos nos equivocamos, todos fallamos, pero debemos asumirlo con sabiduría y valor; todo se aprende en el camino, así que, ver el ejemplo de los que ya lo recorrieron, ayuda a poder hacerlo mejor, incluso más, que solo escuchar sus palabras. Sean buenos padres, escuchen a sus hijos, denle buenos ejemplos, en especial de lo que les gustaría que ellos hicieran; admitan que no siempre, son ellos los que están equivocados y quizás si se los hacen saber, sea mucho mejor; y si, bien, hay cosas que los hijos deben aprender y trabajar en ello, como padres también las hay, y más si realmente tu objetivo es ser un buen padre para tus hijos. Hay mucho que aprender y que enseñar en ambos sentidos; el hijo, por ser hijo, no siempre está equivocado; los padres, por ser padres, no siempre tienen la razón; en ocasiones serán los padres, quienes deberán disculparse y en otras, lo serán los hijos, Dios nos conceda sabiduría para darnos cuenta, discernimiento para reconocerlo y valor para hacerlo.
Hay padres que, se sienten orgullosos (por dar un nombre a ese sentir) de sus hijos y siempre, en cada oportunidad, hablan maravillas de ellos, se expresan con ese brillo en sus rostros que dice más que las palabras mismas; pero a la vez, no se dan cuenta de que ponen en los hombros, de ese hijo, un gran peso; y aunque debo de reconocer que, se siente genial saber que tus padres te tienen en tan excelente concepto y hasta de ejemplo, para bien, te ponen, es una gran responsabilidad que sin pedir y hasta sin darse cuenta te dan, es un enorme peso que sobre ti llevas, pues ocasionan ese miedo a decepcionarlos o fallarles y que ese orgullo, ese sentir, ese brillo en sus ojos, esa expresión en sus rostros cambie, cuando de ti se vuelva a hablar.
Pedir perdón, por anticipado quizá no sea lo que ellos esperan o desearían escuchar de nosotros, sus hijos, pero, qué más podemos hacer cuando, en el fondo, sabemos que tarde o temprano, sin querer y en algún punto les fallaremos. Lo siento, es decir poco, cuando, hacemos algo que, sabemos o creemos, que si se enteraran los lastimaría o hasta tal vez, los decepcionaría, y aunque, no lo hagamos con esa intención, es algo con lo que, seguramente muchos luchamos para no provocarles ese sentir, sé que tarde o temprano no lo podremos evitar y en verdad, lo lamento, pero solo intento al igual que otros tantos, ser feliz; la mayoría sino es que todos, no intentamos fallar a la buena dirección y educación que nos proporcionaron, pero a veces, no nos queda más que improvisar, pensar rápido y actuar.
Nuestros errores, nuestras fallas, no significa que ellos sean malos padres o lo hayan sido, no, en absoluto; aunque admito que, aunque tuvieron sus errores, sus propias fallas y equivocaciones nos dieron e hicieron lo mejor, que es su momento, pudieron. Así que yo solo espero, y deseo que, en mi afán de vivir, disfrutar la vida y lograr ser feliz, a mis padres y hermanos, jamás logre, decepcionar, avergonzar…

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